🕒 Bitácora de una familia al borde (del mapa y del ataque de nervios)
Si creen que viajar con una bebé de 3 meses es todo fotos estéticas y paz mental, pónganse cómodos, porque hoy les traigo la dosis de realidad que estaban esperando.
10:00 AM – Operación Cebolla Cruda 🧅
Llegamos al Parque Nacional Tierra del Fuego. Nuestra primera parada fue la Bahía Lapataia. Caminamos por unas pasarelas espectaculares que te cuentan la historia de los Yaganes, los habitantes originarios.
Mientras leíamos cómo ellos vivían ahí, ¡semidesnudos!, cubiertos solo con piel de guanaco y grasa de lobo marino, yo miraba a mi familia: estábamos envueltos en 57 capas de ropa, térmicas, polares y camperas. ¡Y eso que era marzo! Si nosotros parecíamos cebollas listas para el escabeche y teníamos frío, no me quiero imaginar lo que sentían esos guerreros en pleno invierno. Respeto eterno a los Yaganes.
11:30 AM – El Faro de la Discordia (y mi dignidad por los suelos) 🗼
Seguimos caminando por las pasarelas que conectan con el sector del Puerto Arias. Allí nos encontramos con una estructura de madera que funcionaba como un faro/mirador.
Mi yo de "antes de ser mamá" dijo: “¡Voy de cabeza!”. Pero amigos, la maternidad te cambia el ADN o te activa un sensor de peligro que no conocía. Subí dos escalones, miré hacia abajo y el vértigo me susurró al oído: "¿Qué haces aquí, mujer?". Me bajé con la dignidad intacta (o eso intenté), mientras Andrey, con Octavia a cuestas como si nada, subieron hasta la cima para disfrutar las vistas.
Vayan a ver el video en mis Historias Destacadas de Instagram, porque es el testimonio gráfico de cómo mi marido es un aventurero y yo... bueno, yo cuido la base.
2:00 PM – Entre bosques y pajaritos 🦜
Seguimos explorando. El parque es una locura: vegetación tan tupida que parece salida de una película y pájaros que nunca habíamos visto. Octavia, por supuesto, disfrutando de su tour privado en la mochila de porteo. Todo era paz, amor y naturaleza... hasta que llegaron las 5:00 PM.
5:00 PM – El momento "Pobre Bebé" (El drama de la gasolina) ⛽
Íbamos de regreso, felices de la vida, cuando en una curva el Jeep decidió que ya había trabajado suficiente por hoy. Se detuvo.
Andrey y yo, con un doctorado en "mirar motores sin entender nada", pensamos que era la batería. Estábamos ahí, rascándonos la cabeza frente al capó, cuando aparecieron nuestros ángeles guardianes: los guardaparques.
— ¿Cuándo cargaron combustible por última vez? —nos preguntaron. — En Río Gallegos —respondimos con una sonrisa de orgullo. (Nota: Río Gallegos queda a unos 600 km de Ushuaia).
Los señores se miraron. Abrieron el tanque y sentenciaron: “A esto no le queda ni el olor”.
En ese momento, miraron por la ventana a Octavia, que dormía plácidamente en su silla, y sus caras lo dijeron todo: “Pobre criatura, qué padres le tocaron”. Por pura lástima hacia nuestra hija, decidieron ayudarnos: ¡sacaron gasolina de una lancha y nos la dieron!
Gracias a esa lancha (y a la paciencia de los guardaparques), llegamos a casa sanos, salvos y con el tanque lleno de aprendizaje.